SARTRE Y YO
A Jean Paul Sartre se le reconocen tres etapas en el desarrollo de su pensamiento filosófico, Es en la segunda etapa que se da a conocer como el máximo representante del "existencialismo" con su obra "El Ser y la Nada". Doctrina que sostiene que la existencia por ser anterior, viene separada de la esencia, pero dejando claro que la existencia del hombre para que sea tal debe ser en absoluta libertad. A partir del comienzo de los sesenta da un viraje hacia el marxismo pero manteniendo una posición crítica en cuanto a la libertad del hombre que no existe en el marxismo. Por tal motivo se concede el derecho de defender la doctrina marxista bajo el principio desarrollado por él del "marxismo humanista". A mitad de los años sesenta me había leído dos de sus más reconocidas obras "El Ser y la Nada" y "Critica a la razón dialéctica" sintiendo por el filósofo cierta admiración por la influencia de su pensamiento en toda Europa que lo reconocía como el creador e impulsor de la doctrina del existencialismo. Con ese bagaje de información, que contribuía a mi formación intelectual, me fui a Francia, aconsejado por mi profesor y mentor el Dr. Domingo Felipe Maza Zavala para realizar un post grado de economía en la Universidad de París. Ustedes se preguntarán dónde encaja conmigo el título que lleva este escrito. Aquí va el relato: Me encontraba en el café "Le Boucci", sitio de tradición ubicado en el famoso barrio latino de París, en amena tertulia literaria con dos compatriotas venezolanos cuando de pronto uno de ellos exclama ¡mira quien está ahí! señalando hacia la esquina diagonal al Le Boucci. Al dirigir la mirada hacia el lugar señalado, vi a un hombre bajito que llevaba puesto un vetusto paltó gris oscuro, combinado con un pantalón castaño que no le llevaba ventaja. ¿Quién es ese? pregunté. Jean Paul Sartre respondió mi amigo. Al oír el nombre del Padre del Existencialismo, sentí una gran emoción reconociendo de inmediato al personaje, portando sus tradicionales espejuelos de cristal redondo. Pero lo que me impactó no fue Sartre sino lo que presencié de seguida: Vi al famoso filósofo meter su mano en el bolsillo derecho del paltó, sacar una banana; quitarle la concha con toda calma y empezar a comérsela de la manera más natural. Cuando extrajo la segunda, me paré como un resorte exclamando: ¡coño hermano yo no me pierdo esta oportunidad ni de vaina! Qué vas a hacer me preguntaron casi a grito, porque ya yo estaba en la puerta de salida, ¡conocerlo! respondí. Al franquear la distancia que me separaba de Sartre me coloqué a su lado sin levantar sospecha. Cuando terminó de comerse la banana lo abordé: disculpe señor ¿es usted el filósofo Jean Paul Sartre? ¡Oui monsieur y ¿quién es usted? ( et ¿qui etes vous?) Soy un estudiante venezolano que vine a hacer un post grado de economía en la Universidad de París.Me llamo Oswaldo. ¡Oh! encantado de conocerlo (enchanté de vous connaitre) dio media vuelta y se fue. Lejos de sentirme frustrado por su desplante sentí que me había dado una gran lección de humildad.
PD: Años después, viviendo en la Isla de Margarita, escribí una novela que incluía en cierta parte de la narrativa el episodio con Sartre; con tan mala suerte, que después de tenerla casi terminada, se me fundió el disco duro de la compu, sin tener ningún respaldo, lo cual lamenté mucho porque también perdí un avanzado trabajo de investigación sobre Bolívar y Miranda que me ocasionó dos viajes a Europa en busca de documentos
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